• Domingo , 28 mayo 2017
Una Ribera del Duero cargada de matices: los tintos de Bodegas Bohórquez

Una Ribera del Duero cargada de matices: los tintos de Bodegas Bohórquez

“Soy el primer jerezano que ha cruzado el Duero”, resume irónicamente Javier Bohórquez para explicarnos qué lleva a un andaluz a tirar hacia el norte y dejar los soleados campos sureños por las frías laderas de viña vieja al norte del Duero. Y es que a Javier le gusta el tinto. Ingeniero agrónomo de título, dejó su trabajo en una empresa multinacional para volver a la tierra y dedicarse a la viticultura.

Corría mediados de los noventa y un joven Javier Bohórquez dedicaba los fines de semana a recorrer gran parte del viñedo castellano-leonés, de Cigales a Segovia, del este al oeste en busca de su tierra prometida particular. Y la encontró en una gasolinera. En un cartel de ‘se vende’, de ‘se vende finca’, en este caso. Esa fue la primera piedra de lo que hoy es Bodegas Bohórquez.

Una bodega joven (tres lustros es poco tiempo en el mundo del vino) y apuesta, que desde que comenzó a elaborar y criar vinos (la primera añada es la de 2002) ha tenido muy clara su filosofía: de la tierra a la botella respetando al máximo la expresión de la uva. Que el tanino que se expresa en cada trago sea el de la uva, no el de la madera, como dice Javier, y que en cada copa quede reflejado el terruño.

La mayoría de las uvas con las que trabaja Bodegas Bohórquez nacen del Pago de Valderramiro, uno de los pagos más míticos de Ribera del Duero. Está situado en el término de Pesquera de Duero, cerca de Peñafiel -dos localidades muy conocidas por las bodegas que las rodean y que albergan-, y en sus laderas se encuentran algunos de los viñedos más conocidos de toda la denominación de origen. Algunos -muchos- de los vinos con mayor reconocimiento y más sofisticados de esta zona se elaboran con las uvas de este pago. Es más, algún vino top de la zona incluso lleva su nombre. Pues ahí es donde Bohórquez posee varias parcelas, la mayoría con orientación sur (perfecta para la maduración de la uva).

En total, 21 hectáreas de viñedo de tempranillo en su mayoría, acompañada por merlot y cabernet sauvignon. Viñedo repartido en parcelas a diferentes alturas y con distintos tipos de suelos, lo que proporciona a la bodega una amplia paleta de colores para elaborar sus vinos: suelo calizo, suelo más pedregoso, unos más y otros menos viejos…

La extensión de tierra no es especialmente grande (más bien es pequeña), pero es que ese límite en el tamaño es parte de la filosofía de este proyecto. “Buscamos hacer vinos de matices”, dice Javier Bohórquez, y añade que si aumentaran la producción sería imposible mantener la filosofía y la calidad, y esos matices que expresan sus vinos.

La bodega, lo que es el edificio, está situada en el término de Pesquera de Duero, dentro del Pago Carravilla, que linda con el río Duero y donde además se extiende uno de los viñedos de la bodega, en este caso en suelo pedregoso.

El edificio está perfectamente integrado con el paisaje y para su construcción se realizó un exhaustivo trabajo de recuperación de materiales, muebles y elementos decorativos que uno va cruzándose al pasear por la bodega, junto a algunas piezas de arte. Esto lo queremos dejar patente porque también es un reflejo de esa filosofía de cuidar cada detalle. En Bohórquez no solo se mima la viña, la elaboración y la crianza, sino también todo lo demás.

La bodega actualmente elabora entre 70.000 y 80.000 botellas -según la añada- entre sus dos etiquetas: Cardela y Bohórquez. Cardela Crianza: 12 meses de crianza y la gran calidad de la materia prima con la que se elabora lo sitúan entre las mejores compras de su gama en esta zona. Para su elaboración se destinan las uvas en las que la fruta está más presente obtenida de los viñedos que hemos comentado.

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Bohórquez, por su parte, tiene estatus de Reserva (y siendo así tiene un precio estupendo) y es el estandarte, el que lleva el nombre de la bodega y del creador, el primero que vio nacer esta casa.Para su elaboración se destinan las mejores uvas, aquellas que van a aportar más longevidad al vino. Ambos son finos fluidos en los que manda la uva por encima de la madera.

Cardela Crianza además estrena imagen en esta añada. Más moderna y más, digamos, estilo Bohórquez. Al crianza de la casa, al más frutal y más directo, le han comprado traje nuevo. Como curiosidad, el pájaro que aparece de fondo en la etiqueta responde al nombre de archibebe. Y es que de eso se trata, ¿no?, comenta Javiera Borhórquez, de “archibeber”. Se nota que el frío ribereño no le ha apagado la solera jerezana. Bohórquez, por su parte, es un tinto elegante y longevo. Ya cada año muestra sus matices. Porque cada vendimia y añada es un mundo. Porque cada temporada tiene su clima y sus circunstancias. Y porque “un año, un vino”, como dicen en esta bodega.

Puedes ver el resto de vídeos de nuestra visita a la bodega aquí.

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